Página principal


Excursiones y

Competencias


Agrupaciones

Guías

Tiendas


Quienes somos

Tips

Próx. Eventos...


< Tomado del diario El País - Uruguay >


    Roberto Rivas Suárez / M.L. Gall




Mitos del Turismo Alternativo


Una aventura. Atrapados por la idea de vivir una experiencia fuera de lo común, más de un viajero es seducido por la idea de un viaje diferente.

ESPIRITU. Es más importante que la condición física pues sólo es imprescindible el sentido común y ser consciente de los gustos en una elección totalmente personal.


M.L. GALL.

Estoy muy cansado, esta vez quiero tirarme en una reposera y no hacer nada... Cuantos de nosotros hemos expresado este deseo en voz alta más de una vez; y cuántos hemos concretado las tan ansiadas vacaciones al estilo lagarto para volver con las mismas preocupaciones que llevamos a la ida en la valija.


Lo primero a tener en cuenta es que el cansancio es --por lo general-- nervioso, por lo cual con no hacer nada lo único que se logra es seguir "enchufado" en el problema, no importa que tan hermoso sea el paisaje o cómodo el hotel.


Distinto es si durante el viaje uno tiene que dejar toda su rutina -y sus problemas- porque sus referencias cambian totalmente y ahora debe preocuparse por llegar a la cima de la montaña, cuidar el fuego, hacer silencio para sacar la mejor foto de un animal salvaje o guiar su caballo. La mente se distrae con las novedades y los días de vacaciones rinden más: ahora el cansancio es pura y exclusivamente físico.


Uno de los mitos más frecuentes asociados con esta modalidad de turismo es la falta de sueño. No está escrito en ningún lado que el turismo alternativo no deja tiempo para dormir, depende de la exigencia de los programas y las actividades de cada día pero, por lo general, al exigir un poco más a nivel físico se suelen cuidar las horas de descanso.


La falta de baños en algunos programas de trekking o cabalgatas por más de un día hace que muchos se cuestionen la idea de "volver a las bases"; es bueno recordar que siempre se encontrará un lugar privado y limpio que nos dará la intimidad que necesitamos y seguramente la naturaleza proveerá de ríos, lagos y hasta alguna ducha inédita a los pies de un salto de agua para asearse. Además, al retornar a la casa u hotel, el baño toma una nueva --y muy preciada--dimensión que lo hace más disfrutable.


Cuando los programas incluyen noches al aire libre, en general siempre hay carpas a disposición si bien muchos --si el clima lo permite-- prefieren dormir bajo las estrellas. En todos los casos es importante aislarse del frío que viene del suelo.


Si se trata de una cabalgata, en general, la montura oficia de colchón: peleros y cojinillos aislan del piso además de hacer de mullida base para el sobre de dormir. En trekking y en algunas cabalgatas se provee a los participantes de colchonetas aislantes.


La edad y la falta de experiencia previa en viajes de este estilo suelen hacer cuestionarse a más de un interesado: ¿soy muy chico o soy muy viejo?; nunca hice una cabalgata antes ¿será que puedo ir?


En primer lugar, no hay realmente una edad para hacer turismo aventura. En general, es más importante el espíritu que la condición física. Hay gente de 60 años haciendo trekking en las alturas y jóvenes de 25 años que sacan el auto para no caminar dos cuadras. Es importante utilizar el sentido común, ser conciente de los gustos y limitaciones propias y consultar a un médico cuando se trate de circuitos que superen los 2000m de altura. Hay que tener presente que por lo general los itinerarios una vez que comienzan no pueden ser abandonados hasta su finalización. El resto depende de uno.


Mandamiento: No te llevarás lo antiguo


Un turista belga aterrorizado envió por correo a la Oficina de Turismo de los Highlands, en Escocia, una piedra de un kilo que se había llevado como souvenir del sitio arqueológico. Según se calcula, data de unos 2000 años antes de Cristo y es considerado uno de los más importantes y misteriosos de la región. Claro que el móvil de la devolución no era el mero remordimiento de conciencia, sino que, según el turista en cuestión, la piedra le estaba haciendo un maleficio: desde que la había llevado a su casa, su hija se rompió la pierna, él perdió su trabajo y su esposa se enfermó.


Comentarios por el estilo circulan también sobre la isla de Pascua. El atrevido que ose llevarse alguna piedra de los moai tiene que estar dispuesto a esperar que lluevan maldiciones sobre su cabeza. Lo contaba un turista que repasaba así las supersticiones populares sobre los sitios misteriosos del mundo, pero que no podía dejar de pensar que después de llevarse él también un recuerdito de la isla varios males habían venido a alterar su otrora plácida vida.


Cuesta creer que haya algún fundamento en esta clase de historias: pero bienvenidas sean estas leyendas si ayudan a que el patrimonio arqueológico permanezca donde debe estar.